Psicoanálisis e institución

¿Qué puede hacer un psicoanalista en las instituciones que demandan una asistencia psicológica?.

Con esta exposición pretendo transmitir algunos aspectos del trabajo realizado con un grupo de púberes y adolescentes de edades comprendidas entre los 12 y los 15 años.

Esta experiencia se lleva a cabo en un Centro de Servicios Sociales -dependiente de una Junta Municipal en Madrid. En el mismo edificio se mezclan zonas geriátricas, zonas de atención al público en general y un pequeño espacio designado para las reuniones del grupo en la última planta del edificio.

Mi intervención se encuentra adscrita al programa de Prevención del citado Centro. Dentro del proyecto presentado y aprobado  apuntaba además de las intervenciones grupales la posibilidad de trabajo individual con los jóvenes, intervenciones con los padres y con los profesores; así como asesoramiento a los demás profesionales que actúan en este programa.

Las características del grupo son las siguientes: “jóvenes con graves problemas familiares, fracaso escolar, conductas asociales y hostilidad y agresividad generalizadas hacia el medio que les rodea”. Esta es la presentación por parte de la institución que me contrata de los púberes y adolescentes con los que voy a trabajar.

Estos jóvenes llegan al Centro desde la Escuela pública. Este servicio se pone en marcha a raíz de una llamada de la directora de uno de los colegios públicos de la zona a la asistente social. Son alumnos que cursaban 6º,7º y 8º de E.G.B., leen y escriben sin fluidez con problemas de expresión, gramaticales, de sintaxis, en algunos casos su rendimiento escolar era prácticamente nulo. Los habían ido pasando de curso sin tener los conocimientos adecuados. Los enfrentamientos entre profesores y alumnos son prácticamente diarios. Estos chicos son los “malos” y como tal actúan constantemente: insultan, escupen, mienten, algunos han realizado pequeños hurtos en grandes almacenes incluso dos de ellas roban una moto. En clase son expulsados muy a menudo por “problemas de comportamiento”. Las peleas con compañeros y hermanos son habituales. Así están las cosas al inicio de la experiencia.

En el primer encuentro con ellos su recibimiento es éste: ¡Y para qué queremos una psicóloga si no estamos locos!. La propuesta que les hago es hablar de cualquier cosa: deportes u otras aficiones, preparación de una salida al campo , de alguna visita a la ciudad, la organización de una fiesta, los acontecimientos en su clase, en su barrio, el comentario sobre las salidas una vez realizadas… En las salidas estaban acompañados por un educador social.

Al principio sus provocaciones eran constantes en búsqueda de una ley que pusiese límites en su decir y en su hacer: la mayoría de ellos no podían permanecer sentados ni cinco minutos, ni estar sin insultarse ni sin hablar sin usar palabrotas, sin maltratar el material que teníamos en la sala, ponían los pies en las meses, se subían a las sillas… En estos primeros encuentros apareció la temática sexual, pero no se trataba de preguntas que hacen y se hacen muchos jóvenes de su edad, sino que sus comentarios giraban en torno a revistas y películas pornográficas que veían – en un intento se sorprenderme queriendo demostrar que eran expertos en la materia. Les planteo la posibilidad de  abordar el tema de la sexualidad. Después de hablarles de algunos aspectos en relación a las diferencias entre hombres y mujeres y sobre técnicas anticonceptivas -cuestiones que habían surgido en su decir-, su manera “obscena” de referirse a lo sexual desparece.

Mi objetivo es el de posibilitar un espacio donde puedan hablar y ser escuchados. Ninguno habla en casa, sus padres con ellos tampoco. Las cuestiones cotidianas se pretenden resolver a gritos o a palos, cuando no se desentienden de ellos. En la escuela sabemos lo que pasa: les colocan en el lugar de los “malos” y ellos se dedican a ello con el mayor ahínco.

 

En esta ponencia quisiera dar cuenta de parte de la historia de dos de los integrantes de dicho grupo. En el primer caso tuve que intervenir fuera de los encuentros grupales debido a graves hechos que estaban aconteciendo.

El primero de estos jóvenes al que llamaré Jorge tiene 14 años. Es el 2º de 5 hermanos. ¿Qué trae él a los encuentros en el grupo?. Las primeras palabras que escucho de sus labios son : ¡Mi padre es un hijo puta!. Quiere irse de su casa porque su madre no le deja salir ( una de las pocas veces que la madre intenta poner límites a su hacer lo que le da la gana ). Según relata sus padres se pegan por “tonterías”: su madre se pone nerviosa, su padre no trae el dinero porque se lo gasta en “tonterías”:en el bar. Odia el colegio, a la directora y a casi todos los profesores; se pelea con algunos compañeros. Cuando falta poco tiempo para final de curso es expulsado del colegio por insultar y amenazar a una profesora suplente. Curiosamente el primer insulto parte de la profesora, pero él responde con más insultos y amenazas.  Esta posición avasalladora y agresiva es un punto que se lleva al trabajo en éste y en encuentros consecutivos.

El tema de la expulsión lo plantea con orgullo y ni siquiera se le pasa por la cabeza la idea de que pueda tener consecuencias negativas. Para él es motivo de orgullo aquello que se contrapone a la ley social. Lo que está pidiendo son límites y no una ley imaginaria. En su casa nadie pone orden y en el colegio ya hemos visto que parece que tampoco. Pasaba la mayor parte del día en una zona de Madrid -donde existe bastante delincuencia y problemas relacionados con el tráfico de drogas- Su padre prácticamente no habla. Parece que sólo sabe poner orden a través del palo. El padre -con el que he mantenido dos encuentros -es un hombre que parece totalmente ajeno de lo que sucede en su casa. Se entera de la expulsión de su hijo del colegio durante una de nuestras entrevistas.

En la casa de Jorge también hay conflictos con los vecinos. La relación de la madre de Jorge con ellos no parece ser nada sociable. Las continuas denuncias de éstos parecen ser el motivo por el que el juez ordena el internamiento de esta mujer para someterla a observación psiquiátrica. Permanece internada casi dos meses, pero antes firma una petición de acogida para sus hijos dirigida a la Comunidad de Madrid- sin contar con su marido para nada. Se tramita esta petición y los hermanos son internados en diferentes centros escolares. En este momento queda interrumpida su asistencia al grupo.

Durante el primer tiempo de su internamiento tengo con él dos breves encuentros en la institución en la que vivía donde también recibía clases. Lo primero que me dice es que no quiere estar ahí y que ha encontrado a su madre muy desmejorada “está muy delgadita, la pobre”. Le explico cuál es la situación y las gestiones que estoy realizando. Le invito a ir al grupo cuando le den permiso en el colegio. También me dice que él no quiere estudiar y que lo que quiere es trabajar. Mientras permanece en este centro acude en dos ocasiones a los encuentros del grupo.

A partir del momento en que es internado mantengo dos entrevistas con los responsables de dicha institución para exponerles mi opinión sobre cómo se han llevado las cosas y cuál es la situación de Jorge y el tipo de trabajo que se estaba realizando hasta el momento de su internamiento. Les planteo la importancia de buscar una alternativa al internamiento ya que dada las características de Jorge- de su rechazo a todo lo escolar- va a intentar escaparse con lo cual se va a conseguir justo lo que se decía evitar: sus conductas delictivas. Efectivamente, al poco tiempo de entrar en el centro intenta robar en el cuarto de un compañero y rompe una persiana. Es descubierto y tiene que pagar por los destrozos causados. Se escapa del colegio en tres ocasiones; y ¡por fin! deciden buscar una salida distinta. Se consigue que pueda pasar a un piso protegido aunque para ello tendrá que esperar dos meses, cuestión que acepta. Actualmente trabaja en un taller de mecánica de coches.

 

Ahora  voy a hablar de otro de los jóvenes: Juan, 13 años, el mayor de cinco hermanos. Sus padres se separaron cuando él tenía dos años. Desde entonces vive en casa de sus abuelos maternos. Las relaciones entre la madre y el abuelo de Juan son malas. Se puede decir que Juan ha sido criado por sus abuelos. La madre parece que no tiene muchas fuerzas para dedicarse al cuidado de sus hijos.

En cuanto a lo escolar tiene un rendimiento muy bajo. Lee y escribe bastante regular y presenta cierta torpeza psicomotriz. Tiene dificultades de expresión oral, su vocabulario es bastante reducido. No le interesa nada el colegio. Le gusta mucho el deporte, sobre todo el fútbol y el baloncesto. Siempre ha estado en un equipo de fútbol. Va solo todos los domingos a ver un partido. Su estar con otros pasa por la práctica del fútbol. Es retraído, sólo tiene un amigo y como éste está interno en un colegio nada más puede estar con él en vacaciones. En la escuela ha tenido problemas por “comportamiento”, él dice que es un gamberro, pero también habla de que le consideran tonto. Me dice que la profesora le salta al leer y cuando pregunta la lección, también “porque cree que no sé nada “. También me cuenta que cuando no sabe hacer algo lo copia. No pregunta, no habla. Está preocupado por las chicas: “Me traen loco”. En este momento se pregunta muchas cosas en relación a la sexualidad.

Con su madre prácticamente no habla “le pido la merienda, la cena…”; su madre con él tampoco. Como vemos la dificultad para hablar aparece también en un no hablar con su madre. Eso sí él le ha dicho en varias ocasiones que no quiere ir a ese colegio “y no me hace caso”, dice. Su madre se desentiende de él hasta tal punto que tiene que hacer él solo las gestiones para hacer la reserva en un Centro de Formación Profesional, se equivoca y no lo consigue. Entonces le planteo la posibilidad de hacer Educación Compensatoria y puedo decir que a pesar de todas sus dificultades a lo largo de su escolaridad este curso lo termina y con buenos resultados. La única cosa que parecía tener clara es que quería ser peluquero y esa meta fue fundamental para aprobar. Quiero resaltar que ha sido el único integrante del grupo que ha aceptado mantener encuentros individuales. El que no habla con nadie, viene a hablar.

 

En relación al grupo quiero dejar constancia de que los resultados después de nueve meses de trabajo han sido los siguientes: El grupo ha pasado de esa situación de provocación permanente a no escupir, no insultarse, a poder permanecer sentados en nuestros encuentros, a hablar y a escuchar, a cuidar el material, es más han pasado de insultar y provocar a los jubilados y al conserje del Centro, a saludarles.

 

A modo de conclusión quiero  resaltar que a pesar de todas las dificultades ( falta de lugares propios- pues no había una zona especifica para niños y adolescentes , obstáculos de la institución, tiempo limitado…) fue posible contribuir a la apertura de un espacio donde pudieron encontrar un lugar diferente al marcado por esos significantes bajo los que se encontraban atrapados.

 

Carmen Monedero Pérez
Psicóloga Clínica-Psicoanalista