Apuntes sobre la felicidad en Freud

Voy a comenzar con la pregunta que Freud hace en su obra El Malestar en la cultura” ¿qué esperan de la vida los hombres ¿qué pretenden alcanzar en ella?.Contesta inmediatamente: “aspiran a la felicidad”. A continuación nos dirá que esta aspiración tiene dos vertientes, por un lado evitar el dolor y el displacer,  el otro, experimentar intensas sensaciones placenteras. Para él la felicidad, en sentido preciso, consistirá en la segunda. Las acciones humanas se desplegarán según traten de alcanzare una u otra de estas vertientes. Quien fija el objetivo vital es el principio del placer, pero el programa de ser feliz dirigido por este principio es irrealizable: “todo el orden del universo se le opone”. Freud nos explica el porqué: “aquello que se llama felicidad surge de la satisfacción, casi instantánea, de necesidades acumuladas que han alcanzado elevada tensión, y de acuerdo con esta índole sólo puede darse como fenómeno episódico, pues nuestra disposición sólo nos permite disfrutar sino el contraste, pero sólo en muy escasa medida lo estable. Por ejemplo, disfrutamos de vacaciones en relación con los períodos de trabajo o de estudio. De entrada, Freud plantea que las condiciones de ser felices están limitadas por nuestra propia constitución psíquica. Más adelante, leemos: “nos es mucho menos difícil experimentar la desgracia”. El sufrimiento nos ataca por tres lados: el propio cuerpo, el mundo exterior y las relaciones sociales. Esto conlleva que, en la mayoría de los casos, se reduzcan las pretensiones de felicidad al hecho de evitar el sufrimiento. Se relega a segundo plano la consecución del placer: “nos conformamos con haber escapado a la desgracia, de haber sobrevivido al sufrimiento”.

Hay diferentes métodos para alcanzar la felicidad. En principio el intento de lograr la satisfacción ilimitada de todas las necesidades “se nos impone como la conducta más tentadora, pero significa preferir el placer a la prudencia y, a poco de practicarla se hacen sentir sus consecuencias. Desde el principio Freud aclara que, no pretende dar una explicación completa, sino que describe distintas tentativas que se emplean para evitar el sufrimiento. Se trata, entonces, de evitar el displacer, por lo que él despliega tres formas:

  1. A) El método más eficaz para evitar el sufrimiento que se origina de las relaciones humanas es el aislamiento voluntario.
  2. B) “pasar al ataque contra la Naturaleza y someterla a la voluntad del hombre, como miembro de la comunidad humana, empleando la técnica dirigida por la ciencia, así se trabaja con todos por el bienestar de todos.
  3. C) En tercer lugar están aquellos preventivos del sufrimiento que influyen en nuestro organismo. El sufrimiento es una sensación que sólo existe cuando lo padecemos y, se siente en virtud de ciertas disposiciones de nuestro organismo. La forma más efectiva de conseguir tal modificación es la intoxicación. Hay diversas sustancias que nos proporcionan sensaciones placenteras y que modifican, además, las condiciones de nuestra sensibilidad. Pone tres ejemplos : 1) El estado maníaco en el que se produce una conducta parecida a la producida por la embriaguez sin recurrir a droga alguna, 2) La vida psíquica normal en la que “la descarga del placer oscila entre la facilitación y la coartación y paralelamente disminuye o aumenta la receptividad para el displacer; y 3) la acción de los estupefacientes que producen un placer inmediato y provocan una cierta independencia frente al mundo exterior:“los hombres saben que con ese “quitapenas” siempre podrán escapar del peso de la realidad , refugiándose en un mundo propio que ofrezca mejores condiciones para su sensibilidad”. Se lamenta de que por ellas se pierden grandes cantidades de energía humana que se podría aplicar en mejorar nuestra suerte. Comenta, seguidamente, que “la complicada arquitectura de nuestro aparato psíquico también es accesible a toda suerte de influencias”.
  4. D) La satisfacción de las pulsiones, precisamente porque implica tal felicidad, se convierte en causa de intenso sufrimiento cuando el mundo exterior nos priva de ella, negándonos la satisfacción de nuestras necesidades. Se supone que al influir sobre estos impulsos evitaremos parte del sufrimiento. Como primer modelo Freud se refiere a los planteamientos de la sabiduría oriental y el yoga. Ello conlleva abandonar toda otra actividad ,es decir, sacrificar la vida para volver a ganar únicamente la felicidad del reposo absoluto. Una segunda posición sería aquella que trata de “perseguir tan sólo la moderación de la vida pulsional bajo el gobierno de las instancias psíquicas superiores –sometidas al principio de la realidad”. En este caso se consigue cierta protección contra el sufrimiento ya que la no satisfacción de las pulsiones domeñadas es menos dolorosa que la de las pulsiones no inhibidas”. Evidentemente se da una limitación del placer puesto que la satisfacción de una pulsión “indómita”( no dirigida por el yo )es más intensa que la conseguida al saciar una pulsión dominada. Esta es una razón económica por la que alcanzan los impulsos perversos ese carácter irresistible.

Estas aportaciones provienen de los planteamientos que despliega, fundamental, en sus dos trabajos Tres ensayos para una teoría sexual (1.905) y Las pulsiones y sus destinos (1.915).

  1. E) Otra fórmula para evitar el sufrimiento sería la que recurre a los desplazamientos de la libido, previstos en nuestro aparato psíquico. Con esta técnica se trata de reorientar las metas pulsionales, de forma que eludan la frustración del mundo exterior. En este punto Freud nos habla de la sublimación. La sublimación como forma de evitar el sufrimiento. Como modelos incluye la labor del artista y el investigador. También en este punto, como en el apartado anterior, se da una limitación de placer pues son pulsiones “dominadas” las que se satisfacen. Pero, es más, el mecanismo de la sublimación depende de disposiciones y aptitudes peculiares que no son habituales. Aún aquellos que son capaces de sublimar no logran una protección absoluta contra el sufrimiento; siempre queda un resto. La vida, de por sí, conlleva cierto nivel de sufrimiento. En una nota a pie de página, el fundador del psicoanálisis argumenta que el trabajo es aquello que más fuertemente nos liga a la comunidad humana. Plantea el trabajo como fuente de placer. Hace una diferenciación entre el trabajo como fin para poder subsistir y las actividades profesionales elegidas libremente. Podemos desplazar al trabajo y a las relaciones humanas vinculadas con él, una parte muy considerable de los componentes narcisistas, agresivos y aún eróticos de la libido… . El ejercicio de de una profesión nos “permite utilizar mediante la sublimación inclinaciones preexistentes y tendencias pulsionales evolucionadas o constitucionalmente reforzadas”. En el momento actual nos encontramos con muchas personas con problemas psíquicos por la imposibilidad de trabajar por diferentes causas, ya sea por el desempleo o por incapacidades derivadas de enfermedades, catástrofes, guerras o accidentes.
  2. F) La imaginación como técnica incluida en la tendencia a independizarse del mundo exterior. El vínculo con la realidad se relaja todavía más. En este apartado va a incluir diferentes modelos: 1) El placer que produce la contemplación de obras de arte: “la ligera narcosis en que nos sumerge el arte sólo proporciona un refugio fugaz ante los azares de la existencia y carece de poderío suficiente como para hacernos olvidar la miseria real”. Freud señala como forma más radical otro procedimiento 2) aquel que ve en la realidad el único enemigo fuente de todo sufrimiento y por eso es preciso romper la relación. Como primera técnica se refiere a la vida del ermitaño. Se puede ir más allá intentando transformar el mundo, construyendo en su lugar uno nuevo en el que desaparezcan los rasgos más indeseables, sustituidos por aquellos adecuados a los propios deseos. No se llega muy lejos pues la realidad es más fuerte. “Quien opte por este camino se convertirá en un loco a quienes pocos ayuden en la realización de sus delirios”. Pero dice que en la vida psíquica normal aparecen también rasgos que se dan en la paranoia “enmendado algún cariz intolerable del mundo mediante una creación desiderativa e incluyendo esta quimera de la realidad”. Además incluirá dentro de esta serie los delirios colectivos. Y aquí coloca a las religiones dentro de la transformación delirante de la realidad.
  3. G) La orientación vital que hace del amor el centro de toda actividad, donde toda satisfacción depende del amar y ser amado. Leamos cuáles son sus características: “persigue la independencia del destino y con esta intención traslada la satisfacción a los procesos psíquicos internos, utilizando el ya mencionado desplazamiento de la libido, pero sin apartarse del mundo exterior, aferrándose por el contrario a sus objetos y hallando la felicidad e la vinculación afectiva a éstos. El punto débil es que nos hallamos totalmente a merced del sufrimiento ya que jamás nos encontramos tan desamparadamente infelices que cuando perdemos nuestro o nuestros objetos de amor. Podemos remitirnos al dolor experimentado ante las separaciones o muerte de nuestros seres queridos.
  4. H) Como último punto de esta clasificación, Freud nos presenta el caso de la búsqueda de la felicidad en el goce de la belleza. Belleza en cualquiera de sus formas: en lo humano, en la Naturaleza, en las creaciones artísticas… Ahora bien ya dice que esta orientación estética del fin vital protege escasamente contra los sufrimientos. Puede más bien servirnos de consuelo por los pesares sufridos. “El goce de la belleza posee un particular carácter emocional, ligeramente embriagador”. La cultura no puede prescindir de ella. Desde el psicoanálisis sabemos qe la belleza deriva de una tendencia coartada en su fin. Primariamente, la “belleza” y el “encanto” son atributos del objeto sexual.

A modo de conclusión Freud hace los siguientes planteamientos:

El “ser felices” como imposición del principio del placer es imposible.

La felicidad en sentido limitado – es un problema de la economía libidinal de cada individuo. Desempeña un papel determinante la constitución psíquica de la persona, aparte de las circunstancias exteriores. Nos habla de tres tipos de caracteres con su consiguiente elección: “el ser humano erótico antepondrá los vínculos afectivos que lo ligan a otras personas; el narcisista, inclinado a bastarse a sí mismo, buscará las satisfacciones esenciales en sus procesos psíquicos íntimos, el hombre de acción nunca abandonará un mundo exterior en el que medir sus fuerzas”.

Si se produce una elección exclusiva, el individuo se expone a los peligros que implica la posible insuficiencia de toda orientación vital elegida, con exclusión de las restantes. El depender toda satisfacción de una única tendencia es muy inseguro: depende de que se den varios factores y, quizás el más importante es el de la facultad del aparato psíquico para adaptar sus funciones al mundo y para sacar provecho de éste en la realización del pacer. Si una persona presenta una constitución pulsional particularmente desfavorable, difícilmente encontrará la felicidad, a menos que pueda efectuar una transformación y reestructuración de sus componentes libidinales, imprescindible para su rendimiento. Si no, Freud plantea como única posibilidad la fuga a la neurosis. “Quién vea fracasar en edad madura  sus esfuerzos por alcanzar la felicidad, aún hallará consuelo en el placer de la intoxicación crónica o bien emprenderá esa desesperada tentativa de rebelión que es la psicosis”. No hay reglas que sirvan para todos, cada uno debe buscar su propio camino. La elección del mismo estará influida por muchos factores. Y como hemos dicho, la constitución psíquica es determinante.

En el punto final, el fundador del psicoanálisis, hablará de la religión como la orientación que perturba el libre juego de elección y adaptación, ya que impone a todos por igual un único camino para alcanzar la felicidad: “su técnica consiste en reducir el valor de la vida y en deformar ligeramente la imagen del mundo real, medidas que tienen por condición previa la intimidación de la inteligencia”.

Me parece interesante terminar con uno de sus últimos párrafos: “Hay muchos caminos que pueden llevar a la felicidad, en la medida en que es accesible al hombre, más ninguno que permita alcanzarla con seguridad”.

 

Fdo.: Carmen Monedero Pérez

Psicoanalista

NOTA :

En el momento en que Freud escribe El Malestar en la cultura (1.930 ) la mayor parte del edificio psicoanalítico estaba construido. Escogí este texto porque en él Freud aborda el tema de la felicidad de una forma muy clara explicando que tenemos una limitación de acceso al placer por el hecho de ser seres hablantes, por el hecho de ser humanos/humanas.