“ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE EL AUTISMO”  Este artículo supone una aproximación psicoanalítica a ese modo de funcioamiento psíquico de excepción denominado autismo.

Comenzaré haciendo una introducción de la historia del concepto. El término autismo fue introducido en 1.906 por Bleuler en la descripción uno de los síntomas de la esquizofrenia. Bleuler trabajaba en una clínica en Zurich, clínica en la que trabajaba Jung por lo que evidentemente se produce en un contexto en el que el psicoanálisis estaba presente. En 1.943 fue Leo Kanner el que describió un síndrome particular(conjunto de síntomas), desarrollando una descripción fenomenológica del mismo, al que denominó “Autismo infantil Precoz”. Tenemos también el trabajo de René Spitz con sus estudios sobre niños institucionalizados y los efectos de dicha institucionalización en su libro “El primer año de la vida del niño”. Como vemos el autismo no es un concepto analítico, pero nace bajo la influencia del mismo. El autismo nace del entrecruzamiento de la Pediatría con la Psiquiatría. El autismo infantil es impensable fuera de la conjunción histórica que precipitó en el siglo XX el lugar del niño en el discurso social. Desde hace años se encuentra en algunas clasificaciones dentro del llamado Trastorno del espectro autista ( TEA ). Desde diferentes orientaciones dentro del psicoanálisis varios autores han escrito sobre la clínica con sujetos autistas. Podemos nombrar a Margaret Mahler, Francis Tustín, Donald Meltzer, Bruno Bettelheim, Rosine y Robert Lefort y  podríamos nombrar muchos y muchas psicoanalistas de orientación lacaniana.

Continuaré con una pregunta ¿Es posible un abordaje psicoanalítico del autismo? En primer lugar es importante recordar que el psicoanálisis es un tratamiento del caso por caso y al igual que en otras afecciones no todos ni todas los/las autistas son abordables desde el psicoanálisis. La clínica psicoanalítica es una clínica de la escucha. El abordaje psicoanalítico supone un trabajo de escucha- a diferencia de otras disciplinas como la psiquiatría y la psicología que estarían dentro de una clínica de la mirada. El psicoanálisis propone una forma de abordaje diferente- se desmarca del adiestramiento u otras intervenciones reeducativas. Una vez dicho esto pasaré a exponer algunas cuestiones teóricas y dos viñetas clínicas de mi práctica clínica en articulación con la teoría – el caso de un niño  y de una  adolescente  . Se trata de dos personas diagnosticadas de autismo : José Luis, a quién un niño que recibo cuando tiene 6 años y  Ana de 14 años. Ambos son derivados desde una institución que trabaja con niños, niñas y adolescentes con discapacidad. Podríamos decir que las personas que padecen autismo están segregados en relación al Otro, al Otro del discurso, al Otro del deseo. Están segregados radicalmente como sujetos deseantes. Enganchados por un hilo a la pulsión de vida. Aquí hay que añadir que en el autismo está afectada radicalmente la imagen del cuerpo y la función de borde de los orificios corporales –al no haber una libidinización no ha sido posible marcar esas zonas como bordes como límites entre el adentro y afuera. Ya Freud nos hablaba que la primera diferenciación en lo seres humanos está entre el interior y el exterior que es el rudimento del yo, esto no se ha producido en los sujetos autistas. El niño o la niña que padece autismo posee un cuerpo no marcado por el deseo. La indiferencia ,el aislamiento que presentan da cuenta del horror cuando el deseo no aparece. Lacan utilizó la óptica para hablarnos de cómo se forma nuestra imagen. El nos brindó el estadio del espejo. Él nos demuestra con la utilización de los espejos planos y cóncavos cómo nace la primera identificación a través de la operación de alienación. A partir de otro que nos dice –soportándonos , sosteniéndonos  simbólicamente– “ese eres tú”. Lacan en su trabajo titulado Informe de Daniel Lagache nos explica que el Otro, donde sitúa el discurso, se extiende hasta la relación imaginaria en su momento más relevante: el gesto del niño frente al espejo volviéndose hacia aquel que lo sostiene, buscando su mirada como testimonio que verifica el reconocimiento de la imagen unida al júbilo del niño o de la niña. Esto puede observarse cuándo un infans se muestra jubiloso cuándo reconoce por vez primera su imagen cómo propia en un espejo. Es un hecho estructural y no de desarrollo. Este momento inaugural del sujeto sólo tiene lugar a partir de un deseo que no sea anónimo. Así la experiencia de hospitalismo que nos describió Spitz contradice toda idea de desarrollo. La depresión anaclítica y el marasmo traducen de un modo extremo el efecto del anonimato. Niños y niñas que estaban al cuidado de personas que les atendían en sus necesidades básicas, pero que nada tenían que ver con ellos. En los niños y niñas  con autismo no se ha producido este momento inaugural que marca el estadio del espejo y, por lo tanto ,no han podido acceder a una imagen unificada de su cuerpo. Dentro de las psicosis infantiles el autismo aparece como el caso más complejo de teorizar porque en el caso del autismo no es posible hablar de suplencia, desencadenamiento o estabilización – al menos- en relación con las psicosis , digamos clásicas o extraordinarias, como en la paranoia donde aparecen  delirios o en la esquizofrenia donde surgen alucinaciones. Pero sí podemos afirmar que como decía Freud del sujeto psicótico, el sujeto autista padece del verbo.

En los dos casos que presento hay, también, un diagnóstico de organicidad – en el caso José Luis así lo presenta la madre a través de los informes médicos, en el caso de la joven Ana, los padres así lo mencionan, pero nunca pude acceder a los informes médicos. En ambos casos los padres habían llevado a sus hijos a diferentes profesionales y ambos habían recibido diversos tipos de tratamientos. En los dos casos surge una pregunta ¿Cuáles son los alcances y particularidades de la cura que están mediatizados por el déficit orgánico? Partimos en ambos casos de esa tarjeta de presentación con la que viene identificado el sujeto: un diagnóstico orgánico, pero sabemos desde el psicoanálisis que la organicidad no dice nada de la estructura del sujeto.

José Luis llega sin hablar, sin decir ni una sola palabra. Será a los los dos meses de iniciar el tratamiento que dirá la primera palabra : “papá”. La joven Ana cuando llega a mi consulta hablaba, pero su manera de hablar era muy particular . Alguna vez saludaba y se dirigía a la analista por el nombre, hacía algunas frases con sentido y oportunidad, pero en la mayoría de los casos eran fragmentos, frases sueltas que no tenían ninguna relación ni con el contexto ni con el momento. Eran pura metonimia, enunciaba una frase tras otra sin sentido, frases que no se dirigían a nadie. Las personas con autismo son sujetos del lenguaje, pero no de la palabra. El niño o la niña con autismo  es un sujeto que se encuentra en el exterior del lenguaje como lazo social. Estos sujetos no hablan y si lo hacen no quieren decir nada. Se trata de sonidos que no parten de nadie ni a nadie se dirigen y, que ,por ello, nada significan. Lo que dicen no se articula con ningún sentido. No se comunican. El lenguaje no está encarnado. Lacan hacía referencia al “infans” como previo al “sujeto” y sin manejo de la lengua como función, por ello las psicoanalistas decimos que las personas  que padecen autismo están en el lenguaje y predeterminados por él ,aunque fuera del discurso – así consideramos a los niños y niñas  que padecen autismo como fuera de discurso. Los niños y niñas autistas no demandan porque no es demandar coger la mano o el brazo de cualquiera y llevarnos a un objeto . Los niños y niñas  con autismo presentan una relación muy particular con el lenguaje: no se comunican, no hay intención comunicativa. Se trata de un sujeto que no habla , pero si habla no quiere decir nada, no se dirige a nadie. Están radicalmente fuera de la demanda. No piden. A partir de la enseñanza de Freud y Lacan el autismo se determinaría por una precoz exclusión de la estructura de la demanda. Los niños y niñas que sufren autismo tienen una posición de excepción en relación con los demás niños, en la medida en que ellosy ellas no dirigen ningún pedido. La demanda está ausente.

Veamos, ahora, qué sucedía respecto a la mirada: José Luis al principio no miraba a los ojos ,sólo tras unos cuantos meses de tratamiento empezó a mirar a su analista. Ana cuando llegó miraba a la analista, ocasionalmente, y aunque según fue avanzando su tratamiento miraba con mayor frecuencia, no llegó a alcanzar nunca el nivel de cualquier interacción social habitual. En el caso del autismo se trastoca toda la relación del sujeto con la realidad por ello tanto sus movimientos, su particular relación con la comida, el sueño, lo escolar, las relaciones sociales, la relación con el cuerpo…casi todos los ámbitos donde nos movemos cotidianamente están afectados, prácticamente todas las actividades de la vida cotidiana se trastocan y no es la causa sino la consecuencia de esa particular forma de organización psíquica, de ese desorden psíquico al que llamamos autismo, en el cual no hay anudamiento de los tres registros (simbólico, real e imaginario). Vemos como sus cuerpos se mueven, se balancean, se acunan, algunos niños y algunas niñas se automutilan. Son cuerpos en movimiento,pero no deseantes. No están libidinizados. Su código no es el mismo, parecen no sentir dolor, muchos no lloran, o no se emocionan – se agitan pero no se emocionan, hablan sin parar o permanecen mudos, es un cuerpo muerto para el deseo aunque biológicamente estén vivos. En muchas ocasiones no les afectan las enfermedades en el caso de Ana no había padecido ninguna enfermedad infantil, cosa que podía pensarse gracias a las vacunas, pero es que ¡jamás se había constipado, ni había tenido gripe sin estar vacunada!.

Ya hemos hecho alusión a que los sujetos autistas no están en el discurso ya que la inscripción en un discurso supone la operación alienación-separación. Para ellos hay una imposibilidad de separación- incluso de separación física. Volvamos ahora a las viñetas clínicas : José Luis fue escolarizado a los cuatro años en un colegio para niños con parálisis cerebral y, sufrió un episodio de anorexia tan grave por el que tuvo que permanecer hospitalizado durante dos meses. Primero empezó a dejar de comer en el colegio y después en casa.. El momento de acudir al centro escolar que suponía la separación de la madre se le tornó insoportable. En el caso de la joven Ana cuando llega a mi consulta no podía separarse de la madre por lo que hubo sesiones que se realizaron con  ambas hasta que consintió, hasta que pudo entrar ella sola en la consulta. Su dificultad era tal que hubo varias sesiones incluso en la sala de espera pues  ni con su madre entraba en la consulta. Por ello tuvieron lugar unas cuantas sesiones con las dos hasta que ambas soportaron la separación – es decir pudieron estar en dos espacios diferentes, separarse físicamente ; hay que señalar esta joven estaba escolarizada, no es que fuera una joven que permaneciese en casa, sin separarse físicamente en ningún momento de la madre. Cuando empiezo a trabajar con Ana, en esa época podía estar ¡hasta 12 h.! sentada en la taza del W.C. cuando estaba con la menstruación. Según me informó su madre, Ana había estado anteriormente con otra analista que se trasladó a otro país. Esta situación es interpretable en términos de la imposibilidad para esta joven de simbolizar la ausencia y por ende, la pérdida. Ante el agujero en lo real: la marcha de su primera analista y la menstruación es ella misma la que tapa el agujero, ella es la que tapa el agujero con su propio cuerpo, para no ser absorbida por él. Ella obtura el agujero con su cuerpo, ella es el objeto. Su ser es el objeto que tapona el agujero. Uno de los primeros cambios al poco tiempo de inicio del tratamiento fue que empezó a llenar de papel la taza del wáter, cuestión fundamental puesto que ya no era ella la que tapaba con su cuerpo el agujero, no es su cuerpo el que obtura el agujero por donde puede irse su ser, su ser de objeto, de objeto de desecho. Para los/as personas que padecen autismo todo está cosificado como ellos/ellas están cosificados. Ya hemos comentado que los y las niños y niñas con autismo no sienten su cuerpo como el resto. En este caso es su analista quién está hablando de su cuerpo en el intento de trasmitir el proceso de cura de esta joven, que ,en realidad, no existe la vivencia de un cuerpo como tal,  porque no se ha producido una encarnación del lenguaje, no es un sujeto de la palabra , no hay una encarnación de la castración y, por ello no hay significante que nombre el agujero.No se ha producido la operación de la castración simbólica. La castración da un cuerpo a un sujeto. Simboliza el cuerpo. Las personas con autismo no son sujetos deseantes porque nada les falta. La castración –operación simbólica- que nos humaniza, nos da el cuerpo y a través de la cual podemos pasar a ser sujetos deseantes no está presente. Es decir, por esta forclusión el cuerpo no llega a simbolizarse. Su realidad no es una realidad marcada por la castración. En el tratamiento de esta adolescente, se produjo un cierto desplazamiento de su cuerpo al papel higiénico hasta que más avanzado el tratamiento, cada vez que tenía la menstruación ya no tenía que permanecer horas sentada en la taza del WC. ni tampoco era necesario taponar éste con papel. Respecto a esta temática quiero añadir que cada vez que tenía que acudir al dentista tenían que sedarla porque era tal su angustia, se angustiaba de manera tan intensa que no podía soportar la intervención de dicho profesional. Puedo afirmar que esta angustia fue cediendo de tal manera que llegó a soportarlo sin casi presencia de angustia y que ya no había que sedarla. Continuando con la cura de la joven Ana quiero comentar otro punto : en diferentes sesiones apareció una risa “inmotivada”, se reía repentinamente, con una risa casi espectral, de tonalidad aguda. Pero esto fue cambiando a lo largo del trabajo analítico pudiendo decir que las risas inmotivadas prácticamente desaparecieron y que apareció un tipo de risa ante situaciones “chistosas”. Una risa de calidad diferente, tenía que ver con algunas situaciones y además se produjo un cambio en el volumen y tonalidad de la misma. Por otro lado, me parece importante referir que Ana acudía a un colegio ordinario, donde era considerada alguien con un déficit intelectual, estuvo en ese centro hasta que –tras un tiempo de tratamiento- los padres pudieron admitir que requería un centro especializado al que se incorporó y se integró en un corto espacio de tiempo. Pasemos ahora a hablar de lo que aconteció con los objetos de la consulta: hubo momentos en que no podía soportar que algo se cayese…según fue pasando el tiempo pudo soportar que algo fuese al suelo, incluso lo recogía. También hubo en diversas ocasiones que se tiró al suelo, como presentificando ese objeto caído del Otro hasta que dejó de hacerlo. Ella ya no es el objeto “caído”, se produjo un cierto movimiento de separación. En resumen, en conclusión ¿Es posible un abordaje psicoanalítico del autismo? En primer lugar es importante recordar que el psicoanálisis es un tratamiento del caso por caso y al igual que en otras afecciones no todos ni todas los/las autistas son abordables desde el psicoanálisis. A través de la utilización de la técnica psicoanalítica se construye un armazón que pueda sujetar a ese sujeto “caído “ del Otro. El analista es un soporte simbólico sin ser presencia absoluta. Hay que apuntar a una cierta separación pues están en una alienación absoluta. Ponerse en el lugar de una ausencia.Con esta técnica  se posibilita     su normalización para que puedan estar y hacer con otros: en la familia, en la escuela, en el instituto, en la consulta del dentista…,es decir puedan soportar la presencia  y cercanía de otros seres humanos, posibilitando así su estar en el mundo sin inundarse de angustia, sin alislarse, sin mutilarse .